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jueves, 27 de mayo de 2010

Todos somos iguales

En un avión que cubría un vuelo entre Johannesburgo y Londres, a una señora blanca, de unos cincuenta años, le toca sentarse al lado de un hombre de color.

Llama a la azafata para quejarse:

- ¿Cuál es el problema señora? -pregunta la azafata.

- Pero, ¿no lo ve? -responde la señora.

- Me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos "inmundos". Deme otro asiento.

- Por favor, cálmese -dice la azafata.

- Casi todos los lugares de este vuelo están tomados. Voy a ver si hay algún lugar en clase ejecutiva o en primera.

La azafata se apura y vuelve unos minutos después.

image - Señora -explica la azafata -como yo sospechaba, no hay ningún lugar vacío en clase económica. Conversé con el capitán y me confirmó que tampoco hay lugar en ejecutiva. Pero sí tenemos un lugar en primera clase.

Antes que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó:

- Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el capitán consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona que nos haga sentir mal ...

La señora, con cara de satisfacción, se prepara para abandonar su asiento e ir a ocupar el asiento en la clase ejecutiva... en eso, la azafata mira a la persona de color y le dice:

- Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado.

Y todos los pasajeros alrededor, que acompañaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

"Todos somos iguales a los ojos de Dios"

sábado, 10 de octubre de 2009

Una historia que gana premio !!!

En una estación de radio Canadiense, dan un premio de $1,000 a $5,000 a la persona que cuente una historia verdadera que le hubiese sucedido y la hubiese puesto en una situación embarazosa de aquellas que te dan ganas de tirarte de un quinto piso. Esta fue la historia que ganó los 5000 dólares:

'Tenía consulta con el Ginecólogo para esa semana, pero quedaron en llamarme para confirmarme el día y la hora de la misma. Una mañana temprano recibo la llamada de la telefonista del consultorio, informándome que mi consulta estaba registrada para ese mismo día a las 9.30 a.m. Acababa de terminar el desayuno con mi marido y mis hijos y estaba lista para comenzar con la tarea del día, eran precisamente las 8.45 a.m. Entré en pánico, no tenia ni un minuto que perder.

Como todas las mujeres tenemos mucho cuidado y una particular atención en nuestra higiene íntima, principalmente cuando vamos al ginecólogo, pretendí asearme, pero esta vez ni siquiera me daba el tiempo para darme una ducha.

Por lo que entré al baño, me quité el camisón y agarré una toallita limpia y doblada que estaba encima del borde de la bañera, la desdoblé, la mojé y la pasé con todo cuidado por mis partes 'más íntimas' para así tener la seguridad de que quedaría lo más limpia posible. Al terminar lancé la toallita en la canasta de ropa sucia, me vestí y volé para el consultorio.

Estaba en la sala de espera y casi inmediatamente me llamaron para hacerme el examen. Como ya conozco el procedimiento, me senté sin ayuda en el borde de la camilla e intenté, como siempre hago, imaginarme muy lejos de allí, en un lugar así como el Caribe o en cualquier otro lugar lindo, por lo menos a 10.000 Km. de aquella camilla. Me quedé muy sorprendida cuando el Médico me dijo: - '¡Ah, caray, hoy hizo un esfuerzo extra para quedar más bonita!' No recibí muy  bien el cumplido, pero no respondí y sólo me limité a sonreír y decir ¡Hum!

Me fui a casa tranquila y el resto del día se desenvolvió normalmente: limpié la casa, cociné, tuve tiempo de leer una revista, etc. Después  de la escuela, ya terminados los deberes, mi hija de 6 años estaba lista para ir a jugar cuando me gritó desde el baño:

- '¡Mamá! ¿Dónde está mi toallita?

Le contesté: -¡No sé, pero toma una limpia del closet!

Su respuesta me hizo desear desaparecer de la faz de la Tierra. El comentario del médico, martillaba en mi cabeza sin descanso ya que lo que mi hija me contestó fue:

'- No Mamá, yo no quiero una toallita del closet, quiero aquella que estaba doblada en el borde de la bañera. Ahí tenía las escarchas de colores, mi brillo y mis estrellitas doradas para el proyecto de la escuela............!!!’

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