lunes, 17 de enero de 2011

Los Últimos Tres Deseos

image Alejandro “El Grande” estando al borde de la muerte, convocó a sus generales y les comunicó sus 3 últimos deseos:

  1. Que su ataúd fuese cargado en hombros por los mejores médicos de la época.
  2. Que los tesoros que había conquistado, fueran esparcidos por el camino hasta su tumba.
  3. Que sus manos quedaran en el aire fuera del ataúd a la vista de todos.

Uno de sus generales asombrado por tan insólitos deseos,  le preguntó cuáles eran sus razones?

Alejandro explicó:
“Quiero que los más eminentes médicos carguen  mi ataúd para demostrar que ni siquiera ellos tienen el poder de curar, ante la muerte.  Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados aquí se quedan  y quiero que mis manos queden descubiertas, para que las personas puedan ver que vinimos al mundo con las manos vacías, y con las manos vacías partimos, porque al morir nada material te llevas… "EL TIEMPO" es el tesoro más valioso que tenemos, porque es LIMITADO; podemos producir más dinero, pero no más tiempo...”

Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una parte de nuestra vida que nunca podremos recuperar, porque nuestro tiempo es nuestra vida; así que EL MEJOR REGALO que le podemos dar a alguien es nuestro tiempo y SIEMPRE, SIEMPRE se lo debemos regalar a la familia, a la pareja, a los hijos y a los amigos.  Nunca olvidemos las verdaderas prioridades de la vida, porque solo éstas estarán presentes al momento de la muerte.

Gracias por el regalo que recibo, cuando me ofreces tu tiempo.  Si te parece cierto, puedes compartir este mensaje con otros … CUANDO TENGAS TIEMPO!!!

miércoles, 12 de enero de 2011

Tus hijos no son tus hijos

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo no te pertenecen.

Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, 
porque ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas,
porque ellas habitan en la casa del mañana,
que no puedes visitar ni siquiera en sueños.

Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede, ni se detiene en el ayer.

Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

poema de Kahlil Gibran

martes, 11 de enero de 2011

Pasos para obtener una úlcera...

image
Siga estos simples pasos, y podrá tener su propia úlcera, al igual que muchos otros miembros de su oficina. ¡Y si actúa rápido, obtendrá un bono de cansancio extra y estrés sin aviso de retorno!
  • En el trabajo, trate de hacer mucho dinero, más rápido que sus compañeros.
  • Coma solo a veces. Sáltese el desayuno, tome solo una taza de café. Es más, remplace la mayor cantidad de comidas posibles por bebidas con azúcar y cafeína.
  • Trate de trabajar con todas sus energías cada vez que pueda.
  • Siempre dé rienda suelta a su enojo.
  • Preocúpese por todo. Y no ore por nada.
  • No se tome vacaciones. Después de todo, las vacaciones son para los débiles.
  • No olvide llevar su trabajo a su casa.
  • No le preste atención al menor síntoma físico, tal como dolor abdominal, náuseas o mareos. Sea fuerte.
  • No pierda tiempo almorzando, coma cualquier cosa en su escritorio, para entretener su estómago.
  • Siempre sostenga su opinión como si estuviese pegada con cola. No piense que a veces puede estar equivocado. Conserve su opinión con rigidez.
  • Nunca delegue responsabilidades. Hágalo todo usted mismo, y hágalo con perfección.
  • No duerma ocho horas. Usted puede manejarse bien con solo cuatro o cinco.
  • Si se siente cansado, puede tomar café durante el día. Y luzca esas ojeras como condecoraciones al valor.
  • Nunca, bajo ninguna circunstancia descanse. Alguien puede ir delante de usted y tomar el premio que usted merece.
No sacrifique su salud por hacer riqueza o conseguir éxito.  Usted, su familia y la salud siempre deben ser lo primero y mas importante en su vida.

jueves, 6 de enero de 2011

SIEMPRE SE APRENDE ALGO

A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina.

A los 9, aprendí que mi profesora sólo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.

A los 10, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.

A los 12, aprendí que si tenía problemas en la escuela, los tenía aún mayores en casa.

A los 13, aprendí que cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería, mi madre me mandaba a ordenarlo.

A los 15, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano menor, porque mi padre tenía frustraciones mayores y la mano más pesada.

A los 20, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.

A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer.

A los 27 aprendí que el título obtenido no era la meta soñada.

A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te va a hacer doler la cabeza la vida entera.

A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos.

A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo.

A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.

A los 38, aprendí que siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y siempre que estoy en casa me gustaría estar viajando.

A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos croquetas y ella elige la menor.

A los 42, aprendí que si estás llevando una vida sin fracasos, no estás corriendo los suficientes riesgos.

A los 44, aprendí que puedes hacer a alguien disfrutar el día con solo enviarle una pequeña postal.

A los 47, aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.

A los 55, aprendí que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco kilos.

A los 63, aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar demasiado en él.

También a los 63, aprendí que no puedo cambiar lo que pasó, pero puedo dejarlo atrás.

A los 64, aprendí que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado, nunca suceden.

A los 67, aprendí que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo.

A los 71, aprendí que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.

A los 72, aprendí que si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.

A los 76, aprendí que envejecer es importante.

A los 91, aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.

A los 92, aprendí que todavía tengo mucho para aprender.

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