martes, 12 de abril de 2011

Clavos

image Todos tenemos cicatrices de heridas físicas del pasado, que seguramente fueron dolorosas en su momento, pero mas dolorosas aún, son las heridas del alma. 

Esta es La historia de un muchachito que tenia muy mal carácter.

Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería de clavar un clavo detrás de la puerta.  El primer día, el muchacho clavo 37 clavos detrás de la puerta.

Las semanas que siguieron, a medida que el aprendía a controlar su genio, clavaba menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su genio que clavar clavos detrás de la puerta. Llegó el día en que lograra controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar la puerta...

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos que quedaron en la puerta. Nunca más será la misma. Cuando pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves. Cada vez que insultas a alguien, aunque retires lo dicho, del modo como se lo digas, lo habrá devastado, y le dejarás una cicatriz que perdurará para siempre; porque una ofensa verbal es tan dañina como una ofensa física.”

Los amigos son en verdad una joya rara. Ellos te hacen reír y te animan a que tengas éxito. Ellos te prestan todo, comparten palabras de elogio y aliento contigo, y siempre están dispuestos a abrirnos sus corazones.  Demuéstrale a tus amigos, lo importante que son para ti y cuanto los quieres. 

Las heridas en nuestros cuerpos, aunque que dejan cicatrices que siempre veremos, pueden curarse; las heridas del alma nunca sanan. El amor verdadero no deja cicatrices ni causa heridas. 

Siempre hay que hacer el bien, sin mirar a quien!!!

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